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miércoles, 3 de noviembre de 2010

TIRRIAE.


Vista aérea de Tirriae. La campiña que habité, visible en la mancha más oscura situada en el ángulo inferior izquierdo de la fotografía.
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Tras la abducción, algo muy difícil de definir, acabé sobre la ondulada campiña de Tirriae. Con el paso del tiempo, me llamaron Depredador y me llevaron a juicio. Me condenaron a destierro perpetuo. Lo recuerdo con exactitud. La población de aquél lugar menguaba y a qué ritmo. Aquellos seres estaban deliciosos: arañas de vainilla, gusanos de menta, babosas de anís dulce, asquerosos escarabajos de regaliz... Una vez saciado, todo lo vomitaba y comenzaba de nuevo. Los excrementos de tales bichos vivientes eran deliciosas frivolidades de sabor exquisito; auténticas delicatessen de sabor similar a un petit suiss de arándano ácido. Comprendí la sentencia de deportación. Pude ocultar algunas fotografías tomadas allá y traerlas de recuerdo. No hay loco que no me las quiera robar.









3 comentarios:

  1. No lo he entendido muy bien Pepe.
    Ni el texto, ni la foto.
    ¿O tal vez si?
    Te sigo queriendo igual amigo del alma.

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  2. ¿Cómo te voy a mandar al carajo si te quiero más que una madre a un niño tonto?

    Este estilo es nuevo, no sé si en ti, pero en leertelo lo es para mi., sin embargo, me ha gustado. Creo que hay muy poca fantasía en el mundo, nos hermos acartonado muy deprisa y por lo menos yo disfruto mucho de estas explosiones de niñez perfectamente conjugada. Cuando se sueña bonito ocurren estas cosas.

    Un besito y me alegro de que estés de nuevo.

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  3. Siento que has vuelto, fuerte, rabioso, pero con ternura, siempre contigo.

    Yo... estoy.

    Un abrazo!

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