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viernes, 27 de diciembre de 2013

No le doy más vueltas

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Es un decir, claro está, te pasas la vida rodando, rodando, rueda que te rueda sobre una rueda, para descubrir al final que sí; que una rueda, ¡coño!, solo es una rueda.
No importa una vaina todo lo pensado, aquello de... ¿Será aluminio, hierro, será madera?
Uno, o sea yo, errado durante años, vio radios, algún piñón; acerté al descubrir, en la rueda, el pitillo chupaire, sí, esa cosa que sirve para inflar la puta rueda, cojones. Dudé, alguna vez, al elegir el color de la goma. Hace años me preocupaba la cosa, ¡demonios!, debía de existir empatía entre el tono del caústico y el armazón azul 'chungo' del armatroste.
Ya sé, ya sé...
Lo que intento explicar es que, se ponga uno como se ponga, lo quiera o no la rueda, no hay que darle más vueltas a lo que gira. Una rueda es una rueda. así de claro y no hay más. ¡Rueda! Una rueda y ya está, es una rueda y nada más.
Ahora voy, ¡caramba!, ¡rueda!, ¡espérame!, ¡espera!, ¡ya voy...!
¡Mierda de puta rueda!



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4 comentarios:

  1. Las ruedas son tan obtusas como la vida, pinche vida redonda.

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  2. Me faltó decir como la mía no vayas a creer que como la tuya no no no no no.

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  3. El caso es poder llegar, aunque sea rodando. Me alegra tu vuelta.

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