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martes, 22 de abril de 2014

Recortables

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Que nadie ría, que nadie llore, que nadie hable, que nadie calle...
Que nadie ame; que nadie ame, que nadie ame.
Vuelta de nuevo a la madrugada, bienvenida de nuevo la luna sobre algodones grises míos, míos, míos, en la penumbra cierta del cerrojazo definitivo, tijeras.
Se ríe de mí la luna, sé que se ríe, sé que se ríe, me dejo llevar; atrás queda toda gitanería: atrás quedan la alegría y el sollozo, el sexo infantil, la mirada inocente, la gasa mojada, el pecho ardiente, la dolorida espalda, el hermano loco, la inconclusa cama, el caracol escamado, la media rota, atrás queda el beso infinito que rompe y quema, concluso y definitivo, atrás quedan el naranjo, la voz las entrañas, lo mío.
En la decepción, recortables nocturnos. Hablo, en la madrugada, del balcón de una luna que me ofrece, que se entrega, que me sirve y regala un mirador tras las nubes, ¡mierda!, un recortable bien definido al azafrán de la pregunta, de la incertidumbre, del desasosiego, del mañana inédito.
  

2 comentarios:

  1. ¿Desasosiego?
    Yo contemplaría lo que describes totalmente relajado, el resto es la vida misma...
    Salud

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  2. Yo me quedo contigo, tengo mucho que aprender de ti.

    Beso

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