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miércoles, 14 de mayo de 2014

'Sofocausa' rosa (Relato erótico)

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Cuando volví a mi habitación, al cabo de una hora y media, la sensación de bienestar fue tremenda. Autor, José Alfonso Martínez
Allá en Ámsterdam, en el hotel Vondel Park de la calle Damrak en el Rosse Buurt, a eso de las cuatro de la madrugada, mojaba sábanas. No podía dormir, el sofoco me resultaba insoportable, sudaba. Me desprendí del chorreado viso, ¡maldita microfibra!, me quité las bragas y aparté la sábana; demasiada calor, me encontraba húmeda, muy húmeda, mojada. Deseé alivio inmediato con toda mi alma. No sabía bien qué hacer, pensaba y pensaba, ¿dónde, en dónde y a tales horas? Pensé que aún, tal vez,  habría movimiento en la zona de los prostíbulos, junto al dique de los pescadores, escaparates de carne agitada, algarabía y comercial parafernalia. Ida, apresurada, ardiendo, decidí bajar e intentarlo. Autor, José Alfonso Martínez
Estaba loca por hacerme con lo más grande, tenerlo en mi mano, agarrarlo con firmeza, disfrutarlo, acariciar su rugosidad de arriba abajo y, en éxtasis, bendecirme con el goteo derretido en mi boca, la lengua allá sobre la rosada cúspide imaginada, una y otra vez, leche en mis carnosos labios. Salí del Vondel Park como una loba dispuesta a satisfacer una angustia tan vital como sofocada, me relamía el imaginario; la plaza Niewemarkt sería todo bullicio, encontraría lo que necesitaba, no me equivoqué. Ordené al taxista que se detuviese frente a un escaparate. Tras el cristal, incitaba al deseo un fornido, sensual y provocador joven en contorneo constante. Me dirigí al establecimiento lindero, ahí lo que buscaba: la heladería, ahí mi deseado y enorme cucurucho de helado de fresa, ¡cuánto alivio, dios mío...! De vuelta al hotel hablé con el recepcionista y le pedí que bajase los grados de la insoportable calefacción central que tanto mal causaba. José Alfonso Martínez
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