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viernes, 4 de septiembre de 2015

Hungría. Dedicado a Álvaro Martínez

De aquí a dos horas, Álvaro, hermano, estaré en la población de El Palomar, a escasos kilómetros de donde vivo, no me apetece pero iré, da un recital 'Pep el Butifarra'. Continuaré escribiendo mientras pueda, hermano, me iré, y retomaré mi retahíla cuando vuelva, seguro. Aquí sigo ahora y mientras pueda. Acepto acudir a la cita con 'El Butifarra' -un cachondo mental que conjuga humor con folklore valenciano- porque estoy seguro de que oiré una malagueña, más bien verdial, Álvaro, verdial, que es el remate de la malagueña, pero verdial. No te sorprendas; jotas, boleros, malagueñas, sí, malagueñas, forman parte del ancestro valenciano, no sé por qué, puede que sí lo sepa. Toda forma de cante afandangado, Álvaro, ya sea fandango de Huelva o no, malagueña, granaína, taranto, taranta, cartagenera, cante 'abandolao', cante de Puente Genil o Lucena, verdial, minera, o sea, el mogollón divino, planta sus cimientos en la primitiva seguidilla, que no siguiriya. La seguidilla, Álvaro, es tan castellana como aragonesa y de ahí que tal expresión folklórica se haya adaptado a la singularidad de cualquier tierra, incluida la levantina. Le preguntaré, no obstante, si puedo, a 'Pep el Butifarra'. Pero no es lo que quería trasladarte, quería hablarte de otra cosa, lo de antes se ha colado por medio, aunque no, ya me entenderás. Hungría, se trataba de eso al dirigirme a ti, Hungría.
Escucha:



Casualidad o no, Álvaro, la historia se repite.
Cuando el Gran Sultán dijo de expandir su religión por doquier -Al·lahu-àkbar-, sea, entró en la India, cortando cabezas -sea todo dicho-, invadiendo la región del Punyab y, desde ahí, como hoy pasa, sus habitantes no tuvieron otra opción que salir echando hostias, el cuello peligraba. De aquellos huidos, es gran parte de la población húngara, me cago en la mierda. Es inmigrada buena parte de la población húngara y sus descendientes, cabrones de afiladas concertinas. El mayor éxodo de la historia, Álvaro, no fue el judío, te engañan, no fue tras la Segunda Guerra Mundial, te engañan, fue el provocado por el Gran Sultán, de ahí los gitanos que me cantan ahora, de ahí la Siguiriya, la Toná, la Debla, el Martinete, la Soleá, el Tango, la Bulería, todo con mayúsculas, pues todo es grande.
Resulta, Álvaro, que muy alto porcentaje de la población de los países del Este, Hungría incluida, el mismo país que pone trabas a los pobres desgraciados que intentan atravesar la tierra que apesta hoy, proviene de allende las montañas, Punjab incluido. O sea, de inmigrados fueren de donde sean. Ellos se quedaron y establecieron sus fronteras, los húngaros, el hijo de puta del presidente húngaro, los hermanos neonazis germanos, algo más allá, en fin, la naturaleza humana, sinónima de crimen.
Me voy, Álvaro, a por 'Pep el Butifarra', que no tengo ganas, hermano, que no tengo ganas, la cosa obliga. Le cantaré, por Juan Breva, una malagueña.
                                                                                                                                                                 

3 comentarios:

  1. Un beso mío, Pepe.
    Y siempre tuya en cualquier paso que des.

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  2. Y luego dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra...
    Salud

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